lunes, 6 de febrero de 2012

!Ala puta...como hemos cambiado....¡

 Yo nací en un pueblo de la costa, de calles empedradas, de casas de techos de teja. A cuadra y media de la vía del ferrocarril, que dos o tres veces al día pasaba con sus máquinas negras, directo a la estación. Un enorme edificio de ladrillo, con un reloj en la entrada, una casa de máquinas redonda donde  dormitaban aquellos monstruos negros, que hacían volar mi infantil imaginación. Allí por las mañanas y al medio día, cuando llegaba el tren. Las vendedoras de comida ofrecían sus manjares gritando a todo pulmón    las delicias que ofrecía. "Cara Chuchos, Chiles rellenos. Va querer su huevo duro". Otra más allá gritaba "Cara e sandía, agua de coco". En fin había para todos los gustos y paladares. Arroz en leche, atol de elote, plátanos fritos, revolcado, panes con frijoles volteados. Si ahí nací y crecí en la Esmeralda del Sur, escondida entre verdes cañaverales y arrullada por la sinfonía del viento cuando brota desde lo profundo de los cañaverales. 

Y, me despertaba el cantar de los gallos y jugábamos hasta tarde en la calle. Primero porque no había un montón de patanes manejando como verdaderos cafres del volante. Pobres mis nietos, ellos viven entre rejas y garitas de seguridad mientras yo, salía  barranquiar con mis primos. 

Durante las vacaciones, por las mañanas se veían a los grupos de patojas saltando cuerda. O cantando aquella "Vamos a la vuelta de toro torojil..." Que tiempo aquellos. Parte de la cuadra era cancha de fútbol. Ahí jugaban paritos los Mazariegos, Coyol, Checha, los panaderos, Panito. Y, para diciembre las posadas y luego en enero y febrero los rezados a los niños de los nacimientos. Se comía de todo, daban helados Sarita (en ese tiempo eran baratos) con chiquiadores, sorpresas, sanguches, panes con pollo donde mi madrina Carmen y fresco de horchata que compraban a la vuelta de mi casa en la 5ta avenida, en la casa de la mamá de Chilacayote (ahora es dice él maestro de obras y arquitecto) si ahí donde doña Ventura.

Con las hijas de Don Arturo, la Lupe, la Yoya y la Irma, jugabamos arranca cebolla. Y, Sarita la hija de la dueña de la cantina Mi Oficina que quedaba frente a mi casa (era rechula la ishta), salía a jugar por la tarde 1,2,3 Cruz Roja...mientras todos permanecíamos quietos como estatuas. Ahí en esa cuadra viví los momentos mas felices de mi vida, podía entrar a mi casa a las 10 de la noche en vacaciones y platicábamos y nos alcanzaba el tiempo para hablar de nuestros sueños. 


El viejo Chicharrón que vivía frente a la casa, siempre tenía llantas viejas y las usábamos para jugar de carreritas manejando las llantas.  Era importante ganar pues nos lucíamos ante las patojas. Todos pero todos absolutamente nos conocíamos, Javier, Pashama, Doña Zoila la que lavaba ropa, Doña Nieves la mujer de Don Rafa Hernández en su tiendecita, comprabamos bananos a 3 por un len (centavo). Hoy mis hijos ni siquiera conocen a sus vecinos, comparten con ellos los fines de semana  y durante la semana  nos vamos de noche y regresamos de noche, hay una garita en la entrada de la colonia donde vivimos  y todo aquel que tenga carros de lujo o del año o es político o es narco.  Daba tiempo para todo, se levantaba uno al las 7 porque entraba a las ocho. Y todavía alcanzaba el tiempo para recibir mecanografía donde Don Chalo. 

Yo nací en la era de la radio: Radio Palmeras, Tropicana, 5.60 todas en AM y no en la del internet, todavía vi la TV en B/N.  El mundial de México 70, las Olimpiadas del 68, El Show de J.A. Guzmán Publicidad, en Canal tres con Gaspar Pumarejo (1964)  Quique Arce Behrens , la Voz de la Vuelta Maco Pinto, el inolvidable Abdon Rodriguez Zea y sus transmisiones de Baseball. No usamos internet para nuestras investigaciones escolares, teníamos que ir a la Biblioteca, allá en mi querido terruño lo haciamos en la del Banco del Guatemala y en la Biblioteca Popular que funcionaba a un costado de la gobernación, donde trabajaba la mamá del Calavera Dubón. Y, los celulares ni siquiera se pensaba en ellos. Mis hijos en cambio ya no usaron diskettes, la compu es una laptop, la TV es plasma o LCD y las caricaturas los educan mas que los maestros en el colegio, hablar Spanglish es normal y tienen una capacidad impresionante de dominar un Video Juego, teléfono celular o cualquier cosa que tenga botones. (Mi hijo de un año cuatro meses ya trastea el bendito celular y hace llamadas imaginarias). 


Los jóvenes actuales ya no comen ni comerán chuchitos, mixtas, enchiladas de curtido con carne y huevo duro, paches. Tamalitos de elote o chipilin, tostadas con frijol y salsa con su respectivo queso de Zacapa. Ya no tomarán atol de elote, arroz en leche o con chocolate, atol blanco con su chilito y sus frijoles parados para la cruda... Porque ellos comen hamburguesas de Macdonal's o Burguer King, pizza de Dominos (30 minutos o gratis), Pollo Campero, hotdogs, (o de perdida shucos allá en la capital de los que venden cerca del Liceo Guatemala). 


Si han cambiado mucho las cosas, estoy seguro que ellos no probaran ni conocen los Chupetes, las canillitas de leche, los colochos de guayaba, las bolas de tamarindo, los dulces negritos, los camotes en miel, los chilacayotes, la papaya en dulce, moyetes y buñuelos.  en fin nada de eso porque ellos ya nacieron en la época del musse de chocolate, la selva negra, las canelitas y los pays de manzana. 


 Se perderán de todas esas delicias culinarias de la comida tradicional guatemalteca. Ya no viajaran a Mixco a comer chicharrones porque eso es para "mucos"y "shumos". Ya no tuvieron la oportunidad de irse a tomar su cervecitas o su cuarto de venado a donde la Nia Güicha Pa´teloro, ya no conocieron el famoso Zocalo en la dieciocho calle donde por 10 quetzalitos chupabas, comias y bailabas.

Ya no van a donde Mamá Mela en el mercado Central, a comer tortillas con picado de rabano y buche de coche, o chicharrones y tomar orchata, o atol de haba. Nada de eso porque no va con su estilo de vida. Ellos prefieren imitar lo gringo y carecen de identidad nacional. Ya no escuchan marimba porque eso es cosa de indios o de viejos.


Ya no probaran el delicioso ceviche de médulas que daban allá en aquella cantinita cerca del mercado Cantonal en Escuintla Porque ellos van a restaurantes de pomada diria mi compadre David  Y, sabe por qué porque ellos ya no tienen nada de guatemaltecos, ya no son chapines. Que triste de verdad...Pero la culpa no es de ellos es de nosotros por no enseñarles a degustar lo nuestro. 


Nuestros hijos no cortaran chiribiscos en un barranco para quemarlos el 7 de diciembre, o harán un resbaladero de una montana de ripio o grama, seguramente los van a asaltar en la calle el día menos pensado. Pues antes si asaltaban a alguien era muy raro y  todo mundo se enteraba, uno todavía podía decir ” Gracias a Dios a mi no me han asaltado”.  El 12 de Diciembre no se vestirán de traje tipico para ir a la feria del pueblo, ni les pegaran para que crezcan en Semana Santa, seguramente el viernes de dolores estarán en el puerto echándose una chela y seguramente no sabrán que es adviento, ni pascua, ni sagrario. No sabrán nunca que es una misa de Gallo, ni se llamara por el nombre del día en el calendario.  Tienen una alta posibilidad de tener una boda mixta y muchos problemas de criar a sus nietos sobre una o la otra religión.


Ellos ya no cargaran en las procesiones, no se vestiran de cucuruchos. Como lo hacíamos con mis cuatazos el Mario Quiñonez, el Julito Montenegro, Goyo Mazariegos y toda la flota de patojos de mi tiempo, perdón si por razones de espacio no me acuerdo de todos. No ya no lo harán Y sabe porque esta pasando esto porque nosotros no les propiciamos esos espacios, esas experiencias, es mas nosotros tampoco los vivimos, no permitimos el que puedan conocer sus tradiciones, su país, sus raíces, comer la comida tradicional guatemalteca, tomar atol o comerse un chuchito. Hoy cuando nos hablan de Guatemala no hablamos de las cosas buenas que hay, hablamos de la inseguridad y la famosa frase “Esta jodido vos, aquí ya no se puede vivir”.
¿No será que a nosotros estamos dejando de ser chapines... ta cabron... como queremos entonces que amen a nuestro país y se preocupen por el si no les hemos enseñado a amarlo. Yo acabo de hacer un compromiso con Guatemala, quiero enseñarle por lo menos a mis hijos pequeños a los dos últimos lo maravilloso que es este país. Y, ya me estoy preparando para la Semana Mayor y para las fiestas de Candelaria fuimos a la iglesia a compartir esas tradiciones aunque no seamos católicos.